Crónica de la Maratón de Fort Lauderdale 2017
01 Sep

El Arrogante y El Monstruo de Mil Cabezas

Esta historia comienza en noviembre de 2016, cuando en pleno entrenamiento en la pista de El Dorado en Envigado, le entrego al Profe Alfonso mis objetivos para el 2017: Maratón de Fort Lauderdale; Media Maratón de Barranquilla, Bogotá, Cali y Medellín; Maratón de Chicago. Como cualquier arrogante, lo miro y le digo que eso es lo que quiero hacer. Se ríe y me dice: “Listo, arranque pues a entrenar”. Y salgo inflado y con la cabeza levantada, como si ya hubiera terminado esas carreras con solo escribir en un papel que tengo la intención de correrlas.

Me estoy sintiendo de maravilla. No tengo lesiones hace varios meses y estoy entrenando con mucha regularidad. Sin embargo, lo que más “feliz” me tiene es que estoy corriendo muy diferente a como lo hice hasta mitad del 2016. He tomado la decisión de correr suelto y mucho más duro que antes. Empiezo a mejorar de forma muy importante mis tiempos y a mirar el reloj con mucha frecuencia, buscando el mejor ritmo, de acuerdo a la distancia planeada. Estoy en las nubes y me siento invencible……jajajaja, como voy a pagar esa petulancia más adelante.

Entreno duro mientras algunos celebran las fiestas de navidad y salgo a enfrentar mi primer reto 2017: Maratón de Fort Lauderdale. Como buen fanfarrón, la semana antes de salir ya tengo todas las dudas encima, sobre si podré responder a las expectativas que he creado con mi gran bocota, en cuanto a tiempo para esta carrera. ¡Tengo el objetivo de 4:40!!!! ¡Es decir, bajar 40 minutos de mi única marca en maratón!!!! ¿Se me olvidó que tengo 52 años y soy un novato en maratones? Tranquilo Jota que el maratón es un monstruo de mil cabezas que sabe por dónde y cuándo ponerte en tu sitio.

Salimos para los Estados Unidos el viernes 17 de febrero. La carrera será el 19. Vamos 11 corredores que entrenamos en Envigado. Estos son los que correremos los 42K: Claudia Preciado, con quien comencé esta vaina de correr y quien ha progresado muchísimo, en la categoría 50-55; Hernán Atehortúa, uno de nuestros entrenadores y atleta veterano que correrá en la categoría 60-65; Rubén Rivillas, otro veterano poderoso en la categoría 55-60; Diego Gómez, que corre como si tuviera 20 en la categoría 50-55; Juan Camilo González, atleta élite de la categoría 25-30; Y Jota que debe terminar esta carrera en 4:40 por ponerse a hablar más de la cuenta, en la categoría 50-55. Los que corren 21K: Marilú Pérez, usualmente en los 42K, pero afectada por una bronquitis que solo le permite correr la media; Mónica Orrego, en constante crecimiento como atleta; Silvia Pérez, mi esposa y quien viene solo con la intención de terminar, pues tuvo 2 meses y medio de incapacidad por una cirugía; Aleja Moreno y Eduardo Osorio, que entrenan en el poco tiempo que les queda libre, pues sus tres hijos no solo ocupan la mayor parte de su tiempo, si no de su corazón.

El sábado temprano salimos a correr un poco. Buen clima, pero ya leí que el domingo será mucho más caliente. Un paisaje hermoso de la zona. Me hidrato aún más de lo que lo he hecho en la última semana, pues no pienso permitir que me pase lo de Barranquilla, donde la deshidratación casi no me deja terminar. Luego, vamos por los números y el kit de carrera. Una feria bonita y organizada, no muy grande, con buenos detalles para los corredores. Por la insistencia de Claudia, compro una banda de tiempos por millas para hacer 4:45. Me la pongo, pero tengo muchas dudas en poder seguirlas, en primer lugar, porque el tamaño de los números no permite que los vea bien. Luego algunas compras y a descansar que llegó lo bueno.

Domingo: otra vez no dormí casi nada por la ansiedad de la carrera. No sé si esto es normal para los demás corredores, pero es lo único que realmente me quita el sueño. Nos organizamos, desayuno muy temprano, entrada al baño normal, revisión de geles, sales, número, zapatos, vaselina, etc. Miro mi camiseta. En la parte trasera tiene la foto de Sebastián, mi sobrino. Un guerrero que ha luchado por su vida siempre, pero especialmente en los últimos días que fue trasplantado del corazón. Por él va esta carrera. Por su esfuerzo y ganas de salir adelante. Por su lucha contra una enfermedad salvaje, mucho más de lo que uno se pueda imaginar.

Listo papá, a ver qué tan machito es ahora que ha hablado tanto. Llegamos a la zona de salida. Hay mucha más gente de lo que creí. Hace mucho más calor de lo que creí. Estoy mucho más nervioso de lo que creí. Y tengo nuevamente ganas de entrar al baño, aunque creí que ya todo estaba listo. Casi todos mis compañeros deciden hacerse adelante y salir rápido. Silvia, María Alejandra, Eduardo y yo nos quedamos atrás. No pasa nada si salimos de últimos, eso es la misma vaina, pensé. Otra vez me equivoqué.

Dan la salida y el arrogante decide ir al baño, en donde por supuesto desaparecieron las filas con la salida de la carrera. Afortunadamente entré, seguro hubiera tenido un problema gigante más adelante, si no entro en este momento. No más detalle con eso. Salgo del baño y mis tres compañeros me estaban esperando. ¡Salimos!!!…por cien metros. ¡Un tren gigantesco está pasando a solo cien metros de haber iniciado la carrera!!! El grupo se cortó en dos y como nosotros salimos de últimos, pues quedamos en el grupo que no deja pasar el tren. Todo el mundo se mira, unos protestan, otros se ríen. Yo simplemente no puedo creerlo. Y conociendo la longitud de los trenes de carga de acá, esto va para largo. 5 minutos, siguen pasando los vagones; 10 minutos, todo igual; 15 minutos, este tren no tiene fin; 20 minutos, aparecen unos funcionarios de la carrera y nos piden a todos que nos devolvamos, pues van a borrar nuestra salida y harán una nueva, si es que el trencito este se acaba en alguna parte. Nos devolvemos, paso la salida, pero de entrada y levanto los brazos para que algunos de los que venían protestando cambien un poco el ánimo. A los 30 minutos, acaba de pasar el bendito tren y nos dan nuevamente la salida. El problema no es que los otros nos lleven ya 30 minutos de ventaja, eso es apenas normal para mí. Lo que me preocupa es que voy a estar por lo menos 30 minutos más tarde en la carrera, lo que quiere decir más calor. Pero bueno, a darle que no hay mañana.

Bonita la ruta por el centro. Muy bonita, hasta que nos toca un puente como los de acá, no como los de allá. Largo, inclinado, un rompe piernas. Se pasa y vamos en línea recta hacia la zona costera. En pocas millas ya voy sudando como un caballo. Me lo esperaba y por lo tanto no dejo pasar ni un solo sitio de hidratación. Es la única carrera que he corrido, donde me he hidratado desde el primero hasta el último puesto, incluyendo los puestos que ponen los espontáneos. Y aparece el sol. Una bola gigante naranjada que me saluda: “¡Hola Jota, prepárate que te voy a achicharrar!!!” Y esa es la primera arma con que el maratón me va a golpear.
Salimos a la vía de la playa. Muy poco viento aún. Vuelvo a la carrera. Bueno, no vamos tan mal. Debería estar haciendo cada milla en 10:41 y voy más o menos a 10:15. Me siento fuerte. Apenas pasamos la milla 4 nos desvían a un parque. Sé que esta ruta tiene cerca de 2,5 millas y no debería causar ningún problema. Resulta, que correr entre tanta vegetación hace que el aire no se mueva y el calor se siente mucho más fuerte. A sudar más mijito. Sin embargo, seguimos bien y salimos sin mayores problemas del parque.

Entonces empiezan los encuentros de los que ya van en sentido Norte Sur que reconfortan el alma. Primero, veo a Marcela Todd. Como siempre cumpliendo esa linda labor de pacer: acá en la media maratón, el 29 de enero en el maratón de Miami. Le grito con fuerza, porque quiero que me vea, aunque sea solo un segundo. Por personas como ella estoy corriendo. Me saluda, grita Colombia y se pierde en dirección sur. Luego veo a Moni, va muy bien. Inmediatamente después a Eduardo y Aleja, muy fuertes, seguro harán un gran tiempo en su media. Estoy pensando en eso cuando ocurre uno de los mejores detalles de la carrera. Un hombre joven en una camioneta descomunal pasa muy lentamente en un carril más allá de donde vamos corriendo. En su radio suena a todo volumen la canción de Rocky I. Va saludándonos a todos. Le aplaudimos y gritamos hasta que el sonido se pierde a lo lejos. En ese instante vuelvo a mirar al frente y veo la desviación para el retorno de los de la media maratón. Paso por ese punto y recibo ánimos de quienes toman esa ruta. Pero entonces me empiezo a sentir muy atemorizado. No hemos llegado siquiera a la milla 9 y ya estoy solo. Con unos pocos locos. Casi todos más veloces que yo. Y entiendo que aún faltan 17 millas. Segunda arma de la maratón, el miedo.

Pero como dice Camilo Merchán y sus amigos: “hagámosle que hijuep…”. Sé que esta avenida se extiende otras 6 millas más, luego un retorno de una milla y después enfrentar las últimas 10 hacia el sur. Me encuentro al líder ya en esa dirección y unos pocos minutos después a Juan Camilo, viene de tercero. Que orgullo. Sin embargo, cuando me ve pone cara de preocupación, parece que no viene bien. Calculo la distancia hasta que pasa el cuarto y creo que no lo pueden alcanzar. Luego Diego a muy buen ritmo. Después Rubén, igual va rápido. Y entonces veo a Claudia, va a un gran ritmo. Todos le dijimos que iba a hacer un gran tiempo y para no meterse presión dijo que no. Que si acaso 4:30. Estoy seguro que hará mucho menos. Va a obtener la recompensa a su trabajo duro. Es una campeona. Ya pasaron, ahora si estoy solo. Miro el reloj para revisar cómo vamos en tiempo y… una nueva sorpresa: ¡el reloj no está funcionando!!! Está mostrando la pantalla de carga de batería, pero ninguna cifra. No entiendo. Sé que está cargado. Ya me había presentado problemas en un entrenamiento, pero creí que estaba bien. Cuántas cosas he creído hoy que no son como pensaba. No miro más el reloj, si va a funcionar bien, si no que importa. Me guardo la banda de tiempos, aunque en realidad pensé en tirarla a la m… Ya no voy por tiempo, voy por sensaciones.

Paso la milla 13 y me pregunto cómo iré de tiempo. Según lo que he leído, debería estar por los lados de 2:23 para cumplir mi meta de 4:40. Pero no tengo como revisarlo, así que a partir de ese punto solo me concentro en los números de cada milla, quiero llegar a la 26. Entro al circuito de retorno. Por lo menos se acaba la monotonía de las avenidas interminables. Es un barrio muy bonito. Una atleta me pregunta por la foto de Sebas y con mi pobre inglés le explico. Me desea suerte y sigue. Entonces empiezan los saludos, pero de los músculos. Primer calambre y solo estoy en la milla 15. La pantorrilla izquierda. Paro, estiro y vuelvo a correr, pero con la alarma encendida. Me he hidratado, he tomado los geles, voy cumpliendo el plan de las pastillas de sales. ¿Por qué me estoy acalambrando? Y todavía faltan 11 millas. Vamos Sebas, no permitas que me quede por acá tirado.

Milla 16. El regreso a las avenidas sin fin. Ya el sol está muy alto. Los edificios ya no hacen la sombra sobre la vía como cuando iba en sentido contrario. Y el maratón me suelta un nuevo ataque, el viento. No creo que haya aumentado mucho, pero me está dando de frente y como ya voy cansado me afecta mucho. Bueno, si este maratón me la pone así, pues vamos con más ganas que no pienso parar. Pensado esto, nuevo saludo, la pantorrilla derecha. Esta vez el calambre es más fuerte y la estirada me toma más tiempo. No importa, volvemos a correr. De acá al final, los calambres están todo el tiempo conmigo. Me hacen parar otras dos veces, pero eso no es lo duro. Lo importante es que ahora sí restringen mi ritmo de carrera y tengo que correr muy despacio. Cada que intento apresurar un poco, un músculo o varios vienen a recordarme que la temperatura está por los 30 grados, la humedad en el 80% y llevo mucho tiempo y distancia corriendo.

Pero esto no es una tragedia, esto es un reto y voy a superarlo. Me relajo mentalmente y empiezo a disfrutar plenamente lo que queda de carrera. Ya no hay mucho que pueda hacer, excepto llegar. Pero hay muchas formas de llegar y yo quiero hacerlo con dignidad, disfrutando y orgulloso de terminar. Entonces tomo la mejor decisión del día: VOY A DISFRUTAR LO QUE QUEDA DE LA CARRERA. Y a partir de ese momento solo me dedico a sonreír, saludar al público, ver el paisaje. En esas está mi mente cuando aparece un grupo de jóvenes al lado de la vía. Están de fiesta y una chica me ve, sonríe, estira su mano y me ofrece un vaso diciendo: “Beer time”. Tomo el vaso y todos gritan mientras me tomo dos tragos de cerveza. Me río mucho, pues nunca tomo nada de alcohol, pero es tiempo de celebrar, estoy corriendo un maratón y eso es motivo suficiente para sentirme feliz. Si, vengo acalambrado; si, vengo cansado, el calor es muy fuerte, el viento me frena. Pero estoy corriendo, y en nombre de Sebas, y mi esposa y amigos están en la meta, y voy a sentirme muy orgulloso de terminar mi segundo maratón. Me quito la fachada de arrogante y el maratón se quita el disfraz de monstruo. Hacemos las paces. Ya voy en paz.

Faltando 3 millas aparece Rubén. Ya terminó hace rato su carrera, pero preocupado por que no he llegado se vino a buscarme. Me acompaña, me anima, ¿cómo se paga eso? Es un ángel guardián. Aparecen también Aleja y Eduardo. Me escoltan hasta la meta animándome. ¡Qué equipo tenemos!!!

Llego a la meta feliz. Veo a los demás del equipo. Todos me apoyan. Silvia estaba muy preocupada, pero se relaja un poco al verme. Pude hacerlo. Hasta tengo tiempo de reírme por el tiempo que hice. Recibo la medalla con orgullo y pienso en todos los que me han apoyado para llegar acá. Pero en especial pienso en el motivo de esta carrera: ¡YA ESTÁ SEBAS…LLEGAMOS!!!

Jorge SierraPor Jorge mario Sierra
Maratonista
jmsierramarin@yahoo.com