Omar Rivera - Una Pequeña Aventura: Mi Primera Ultra Maratón - 03
29 Jun

El agua entraba en mi calzado con un frío intenso que paralizaba mis pies. La luz de los vehículos penetraba la niebla vistiendo la noche de blanco para luego sumergirme en lo profundo de la oscuridad. Arreciaba la lluvia acentuando la intensidad de la noche y como un himno que entonaran millones de gotas enfurecidas, los ecos de su canto se esparcían por el vacío circundante.

Temblaban tanto mis manos que era difícil sostener mis provisiones y mucho más abrirlas. Mis medias mojadas, antes cómodas y mullidas, se tornaron en un trapo duro y rugoso que maltrataba las plantas de mis pies haciéndome sentir que caminaba sobre piedras o pedazos de objetos triangulares. Eran las 3:30 AM. Llevaba marchando nueve horas y recorrido 51 kilómetros, muchos de ellos bajo la lluvia y un frío intenso. Aún faltaban 30 kilómetros para la meta, pero yo solo pensaba en encontrar un lugar cálido y cómodo para descansar.

A la orilla de una curva empinada, a mano derecha de la vía, divisé una banca en medio de un corredor colonial que a mí se me antojó al mismo palacio de Versalles destellando en medio de tan solitaria y fría noche. No demoré en subir la cuesta y pronto dejé caer todas mis fatigas sobre aquella fría banca de cemento. Allí sentí que la alegría me volvía al cuerpo alejando todos los sinsabores de mi travesía. Luego me recriminé al no saber que pensaba cuando acepté semejante aventura.

Omar Rivera - Una Pequeña Aventura: Mi Primera Ultra Maratón - 03El sobrepeso me estaba cogiendo ventaja cuando recibí la invitación de mi amigo Oscar Cardona de participar en una Ultra maratón nocturna de manera recreativa, organizada por CORMAVA – Corporación Maratón Valle de Aburrá. Me pareció una gran idea y pensé que si rebajaba 20 kilos de los 30 que tenía de sobrepeso podría asistir, la dificultad era que solo faltaban 45 días.

La isquemia de corazón es la principal causa de muerte de los medellinenses. Esto debido a gran parte por el sedentarismo que se apodera de la ciudad a medida que entramos en la era tecnológica. Razón poderosa por la cual muchos deberíamos estar recurriendo al deporte y una de las razones por la cual empecé la preparación para este reto de 81 kilómetros.

81 kilómetros que comprenden la distancia entre el Estadio de Medellín y el municipio de la Pintada, ambos ubicados en el mismo departamento de Antioquia; 81 kilómetros para alguien que no había corrido ni media maratón, era el mayor ejemplo que no estaba dimensionando las condiciones que se necesitan para enfrentar este tipo de reto, aunque solo fuera hacerlo de manera recreativa.

En mi primera práctica a base de mucho esfuerzo logré trotar 10 kilómetros, cuando llegué a casa corrí a la pesa para verificar la cantidad de kilos que había rebajado; por mi mente pasaba una cifra no muy ambiciosa de tres kilos, pero cuando miré el número que indicaba la pesa no lo podía creer… sólo había rebajado 400 gramos, no solo había rebajado poco, también adquirí un fuerte dolor muscular en mis piernas.

Cada pisada golpea las piernas con una fuerza equivalente al doble de la masa corporal, entonces ya se imaginarán lo que sufren los músculos y rodillas cuando se tiene sobrepeso. Lo ideal en estos casos es marchar muy suave y no exceder los límites. No tuve más opción que bajar el ritmo y ver cómo me rebasaban en la pista personas de la tercera edad.

Después de 20 días de entrenamiento ya me sentía más liviano. Había rebajado 10 kilos y sentía muy fortalecidos los músculos de mis piernas. Mi abdomen seguía abultado conservando su masa redondeada como una burla constante a mi esfuerzo por rebajar, pero yo me daba por bien servido ya que disfrutaba de los beneficios del deporte.    

Omar Rivera - Una Pequeña Aventura: Mi Primera Ultra Maratón - 03En el día 30 tuve una maravillosa idea para ejercitarme sin tener que seguir esforzando mis piernas, pero eso sí, quemando muchas calorías. Trabajaría en mi finca limpiando un terreno para destinarlo a un proyecto piscícola. Poco se utilizar el machete y el azadón, pero pensaba que de esta manera podía rebajar los 5 kilos que me restaban. No solo rebajé los 5 kilos, también me gané una enfermedad causada por el sobre esfuerzo muscular en la región de la espalda, que me envió a la cama por cinco días en los cuales poco comí y mucho sufrí.

Las secuelas duraron 7 días, pensé que no podría participar de la Ultra maratón, pero tres días antes me sentí motivado y decidí asistir, eso sí estando muy atento a mis condiciones físicas.

Llegó el día de la ultra y ya tenía todo listo. A la hora de salir para la corporación recibí un mensaje de mi amigo diciéndome que no podría participar porque llegaron sus hijos de sorpresa a celebrar el día del padre, de inmediato sentí que no la pasaría muy bien ya que había dejado de salir con mi amigo Roberto Grajales en un grupo de novatos, y ahora tendría que estar en un segundo grupo de personas con más experiencia; estaría relativamente solo.

Me presenté en la oficina de Cormava donde me atendió gentilmente Norman Cardona su director. Me hizo entrega del número 18 y una serie de indicaciones. También me presentó con los demás participantes, personas muy gentiles, queridas, cuyos cuerpos lucían muy livianos a comparación del mío, al cual se le notaba el sobre peso desde lejos.

No fueron en vano mis temores, pocos minutos de haber empezado el evento yo estaba en el último lugar llevado por mi lento y constante ritmo, no obstante disfrutaba de la ciudad, sus gentes y sus lindos paisajes, eso hasta que a la altura de la Tablaza empezó a llover tan fuerte que tuve que ponerme el rompe vientos, decidí quedarme en pantaloneta pues pensé que mis pies se conservarían tibios con el calor del ejercicio; grave error, 4 kilómetros después el frio me generaba fuertes calambres en los tobillos y decidí que me pondría la sudadera en Caldas pues se me antojaba que si paraba en ese instante, me quedaría congelado en medio de la vía.

Omar Rivera - Una Pequeña Aventura: Mi Primera Ultra Maratón - 03Llegué a Caldas muy maltratado a raíz de: la lluvia, el frío en mis piernas descubiertas y mi CamelBak, el cual no me entregaba el agua suficiente; de dos litros solo logré tomar unos cuantos sorbos, decidí vaciarlo y llenarlo con bolsas de agua pues no tenía la claridad suficiente para investigar lo que pasaba. Luego me daría cuenta de que había un desfase en el orificio de la boquilla por lo cual era difícil que en la posición abierta entregara el agua; así pues, a mí penitencia le agregué dos kilos y mucha energía gastada en la succión infructuosa de mi CamelBak.

Anoté mi tiempo, que obvio era el último, y pude verificar que el primero me llevaba más de dos horas de ventaja. Pensé que lo mejor era quedarme en Caldas y disfrutar de su agradable entorno, pero una vez me hidraté y me puse la sudadera volvieron mis fuerzas. Lo mejor era subir al alto de minas donde si llegaba muy cansado podría descansar en alguna de las habitaciones que allí ofrecen.

Salí de Caldas como el que no quiere la cosa, con paso lento y seguro, pensando que si me llegaran a fallar las fuerzas en medio del camino la pasaría muy mal. Poco a poco fui avanzando, caminando en subidas y trotando en bajadas, hasta llegar a esa cuesta inclinada que invita a rendirse a los que allí transitan empinándose más y más.

La noche pesaba sobre mis hombros, la fuerte brisa la trasformaba en un muro oscuro gelatinoso. Podía palparla, respirar su esencia, luchar contra sus tentáculos que envolvían mis pies. Escuchaba sonidos extraños como si toda una fauna desconocida desplegara sus tonalidades más lúgubres que mezclándose con el quejido de los árboles convertían lo lúgubre en sombrío. Poco a poco me fui adaptando a ese entorno; me transformé en una sombra perseguida por sombras; dos sombras más oscuras que la noche se me abalanzaron, sombras exhibiendo cierras giratorias de blancos colmillos que amenazaban con despedazarme.

Omar Rivera - Una Pequeña Aventura: Mi Primera Ultra Maratón - 03Tardé poco en comprender que se trataban de dos grandes perros que cuidan la sede del SENA de caldas, y a pesar de que se me abalanzaron para atacarme aterrizaron muy cerca de mí, solo para seguir ladrando y gruñendo, pensé en correr y lo único que conseguí fue pronunciar un patético susurro cual si tratara de dormir a un adorable bebé. En ese instante pasó un tracto camión que con su poderoso rugido espanto los caninos, dándome tiempo para alejarme, y aunque sentía que aún me perseguían nunca giré mi cabeza para averiguarlo. ¡A qué ser humano se le ocurría dejar semejante perros sueltos! ¡Podrían hacer que alguien se desplazara hacia la vía donde correría el riesgo de ser atropellado por un vehículo! Exclamaba para darme fuerzas en medio de tanta soledad, donde mi corazón estaba sobre 200 y no precisamente por la marcha.

Avanzaba por el carril izquierdo siguiendo las recomendaciones de Norman, las curvas eran cada vez más cerradas y a pesar de ser media noche el tráfico pesado era intenso por ese carril. Yo seguía con mi paso constante con rumbo al Alto de Minas disfrutando de una leve brisa que reconfortaba mi viaje. En ese momento interrumpió en mi mente un recuerdo: era una noche de verano y bajaba del alto de minas con algunos amigos. El conductor contaba historias sobre una cantidad de muertes significativas que le tocó presenciar en la vía, especialmente de ciclistas, todo a raíz de la imprudencia de los camiones, contó un sinfín de historias; como la de un ciclista nocturno que en su bicicleta pareciera flotar sobre la vía para no volverse a ver después de pasar por el lugar donde murió. No me faltaba más que se me apareciera el ciclista sin cabeza, pensaba abrumado.

Consiguió atemorizarnos con aquellas historias, haciendo que le tuviéramos un profundo respeto a ese paraje. No salía yo de este recuerdo cuando escuché un camión aproximándose, no estaba seguro si estaba cerca o lejos pues la curva tan pronunciada obstruía el ruido, igual decidí quedarme quieto y no entrar más en la curva; en ese momento emergió del recodo un enorme camión que parecía rugir como un dragón furioso que quisiera envolverme con su cola, sus llantas traseras pasaron muy cerca de mí invadiendo todo el espacio después de la raya blanca, dejándome como única alternativa la cuneta y la pared de la montaña a la cual me aferraba para no ser succionado,  tanta imprudencia me dejo perplejo, ya me parecía ver en cada instante el alma en pena de algún ciclista, y hasta mi misma alma, luchando por subir tan magnifica montaña.       

Omar Rivera - Una Pequeña Aventura: Mi Primera Ultra Maratón - 03Decidí cambiar el carril que tan amargas sorpresas me había deparado, además basado en que el otro era menos transitado. La vía parecía sumergirse en un bosque poco habitado y las luces ocasionales eran cada vez más escasas. Una danza de sombras que se entrelazaban en la carretera aceleró mi corazón al ritmo de su baile frenético. Los pelos se me erizaron cual espectadores que se levantan de su silla para presenciar con mayor asombro la escena.

Quise detener mi marcha, pero mi cuerpo parecía estar en piloto automático. Avancé y pronto me introduje en medio de estas sobras esperando pasar desapercibido, pero al acercarme, estas se desplazaban y se camuflaban en la orilla de la vía; pude notar que no se trataban de sombras y mucho menos de espíritus. Eran jóvenes vestidos de negro que se ocultaban afanosamente casi que desapareciendo por completo; el miedo que tenía se transformó en terror, ¡Mínimo estos jóvenes me van a robar! ¿Y qué hago sin celular y sin dinero?  Así quedaría más lindo como dice mi madre, como si los infortunios embellecieran al ser humano.

Avancé sin demostrar ningún sentimiento y lo único que escuché fue una voz que me dijo: ¿viejo tiene cigarrillos? en un tono muy amable le hice saber que no, y me alejé apresuradamente con tan mala fortuna que tropecé con un tronco atravesado en el camino; un camión se acercó frenando para poder esquivar los troncos y pronto se vio rodeado de sombras que se sujetaron de sus puertas traseras.

Caminaba con la mirada puesta en el horizonte buscando ese punto rojo que indica la ubicación exacta del Alto de Minas, pero por más que avanzaba no lograba verlo. Eso me desmoralizaba puesto que no verlo era señal que me faltaba mucho trayecto. Caminé y caminé siempre subiendo, hasta que muy lejos vi que emergió una nube teñida de rojo, supe que en cuestión de una hora estaría en aquel lugar donde podría aprovisionarme y descansar un poco.

Al llegar todo estaba en silencio, un pequeño fragmento de Fernando Vallejo de su obra “El Desbarrancadero” vino a mi mente:

Sumidos en el mar de brumas, coronada la montaña, los faros del Studebaker horadan la noche ahuyentando los fantasmas. Abajo, en la oscuridad, se abre Colombia inmensa, y aunque no la veamos, sentimos cómo palpita -tibio, acogedor, seguro- su corazón. Seguro hasta en la muerte misma que nos aplicará algún día, lo pronostico.”   

Omar Rivera - Una Pequeña Aventura: Mi Primera Ultra Maratón - 03Inmediatamente dejé de pensar en esa agua de panela caliente con queso que tanto estaba anhelando. Miré a mi alrededor y no vi el carro de la logística. Decidí llamar, y gracias a Dios me contestaron indicándome que estaban en Versalles, un corregimiento de Santa Bárbara ubicado a pocos kilómetros de allí. Les dije que me esperaran unos minutos para así poder aprovisionarme, pues ya no tenía agua; descansé un poco, estiré y me reconforté pensando que la mayor parte del trayecto era en bajada.

Esos pocos kilómetros que me separaban del carro de la logística los recorrí rápidamente, no por el interés de mejorar mi tiempo, sino por el temor de quedarme sin agua. ¡Me atendieron de maravilla! El Gatorade que me ofrecieron me aportó nuevas energías. Me aprovisioné de agua y emprendí mi camino, pero esta vez estaba acompañado y no precisamente de un participante, me acompañaba un borrachito que le pareció mucha gracia trotar a mi lado.

No era precisamente la compañía que estaba esperando, trotaba muy cerca de mí, inundando el aire que respiraba con un fuerte olor a licor y cigarrillo. Sus codos golpeaban los míos y cada minuto me daba una palmadita en la espalda que para mi estado de cansancio parecían fuertes empujones que amenazaban con tirarme al suelo. Decidí que lo mejor era acelerar mi ritmo para intentar dejarlo atrás, pero esto no funcionó, el sostuvo el paso firmemente, y por un momento el que se quedó atrás fui yo; bueno la idea funcionó, pero al revés. No tardó en volver a mi lado y empezó con su sermón; en ese momento extrañaba la soledad de la cual había renegado tanto.

Omar Rivera - Una Pequeña Aventura: Mi Primera Ultra Maratón - 03Muchos fueron los kilómetros que marchó a mi lado, donde en medio de una cantidad de relatos inconsistentes pensó haberme contado toda su vida y sus mayores secretos. Me contó que tenía planeado hacer una vuelta donde le darían un dinero que emplearía para disfrutar de la fiestas del mango, que era muy fácil pues solo era oprimir un gatillo lo cual le tomaría pocos segundos, y me preguntaba que pensaba yo de la tal vuelta, yo le contesté preguntándole que si tenía hijos, a lo que respondió que sí, entonces le pregunté: ¿qué tiene más importancia, que tus hijos disfruten a su padre por muchos años o que un individuo disfrute una fiesta por pocas horas en aras de dejar a tus hijos huérfanos? No respondió. En ese momento empezó a llover copiosamente. El viento nos golpeaba con fuerza y sentía que el frío penetraba todo mi cuerpo. Mi acompañante me pidió agua. Le di una bolsa que no demoró en beber. El efecto del agua fue inmediato. Este se agachó a un lado de la vía, vomitó y luego cayó sobre sus fluidos quedando dormido en el instante. Por más que intenté despertarlo no pude, y moverlo fue imposible, me cercioré de que respirara y retomé mi camino dejando aquel desafortunado hombre a merced del agua y del frio, como jueces que le impusiera su propio destino.

Sentado en la fría banca de cemento -donde inicié este relato- mis pies empezaron a tornasen muy fríos hasta el punto de volvérseme insensibles las puntas de los dedos. Los músculos perdían calor y me invadía un delicioso sueño que me invitaba a quedarme dormido en el acto. Decidí que lo más indicado era continuar el camino. Santa Bárbara estaba a pocos kilómetros. Allí podría notificar mi retiro y conseguir un transporte hacia la ciudad de Medellín. Esos últimos kilómetros me parecieron eternos. Cada paso que daba era una lucha constante y las plantas de los pies me dolían tanto que por momentos pensaba caminar sobre brasas.

Eran las 4:00 AM y al fin llegaba a la entrada principal del pueblo. Mi caminar era como el de una persona ebria, pensaba mucho antes de dar el próximo paso. Me avergonzaba ante las personas que se me cruzaban. Me quité el número y continué caminando por la constante pendiente que lleva al parque del municipio. Entre más me acercaba al parque más me encontraba con personas ebrias que se dirigían para sus casas o a seguir la rumba en otro lugar. Entonces recordé que en el municipio se estaban celebrando las Fiestas del Mango. Ya mi apariencia de ebrio no importó y pude mezclarme entre la gente como uno más que disfrutara de la fiesta.

Omar Rivera - Una Pequeña Aventura: Mi Primera Ultra Maratón - 03Ahora mi objetivo era averiguar de dónde salía el transporte para Medellín. Pregunté a la primera persona y, me envió al costado izquierdo de la iglesia. Allí pregunté de nuevo y me dijeron que al otro lado, que diagonal; llegue allí, pregunté y me enviaron al costado derecho de la iglesia. Para mi sorpresa tampoco salían de allí. Volví a preguntar, pero ya asegurándome de preguntarle a varias personas; caminar una cuadra en vano era todo un gasto energético. La mayoría coincidieron que por las fiestas los buses fueron trasladados al coliseo. Llegué allí muy temprano y no tuve otra opción que esperar cerca de una hora. Hice una llamada a uno de los coordinadores del evento y le notifiqué mi retiro. En ese momento pasó un grupo de mujeres ebrias que me invitaron a bailar a una de sus casas, solo atiné a decir: …Gracias, ya he bailado mucho.

El trayecto a Medellín fue cortísimo. Esa ruta ya no era distante, fría y amenazante; los paisajes coloridos llenos de contrastes que abarcaban un horizonte de infinita belleza se iluminaban con la fija mirada del Cauca, que desde lo más profundo refulgía cual cintilla de oro serpenteante. Me iluminé con su luz, me extasíe en su belleza; se desvanecieron todas las dolencias de mi cuerpo, y disfruté del lenguaje de la naturaleza. Me sumergí en un mar de endorfinas que alejaba el sufrimiento de mi mente para dejar entrar la alegría de la vida. Entendí que la mayor recompensa de este deporte llega cuando el dolor insoportable da paso a la felicidad…

 

Omar Rivera - Una Pequeña Aventura: Mi Primera Ultra Maratón - 03Por Omar Rivera
Corredor Novato y Nuevo Ultramaratonista
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